Crítica: "La última noche" (2002) - Spike Lee

Estamos ante uno de los mejores trabajos de Spike Lee. Engañosamente sencilla, tramposamente trascendente. Al final, nos deja el regusto de haber visto una película redonda, sin fisuras, melancólicamente bella. La dirección de Lee es encomiable, pero sobre todo es en el trabajo de los actores donde vemos lo mejor del film. Las noches de la gran ciudad norteamericana nunca fueron tan frías como las que nos muestran estos personajes que se encuentran huyendo a ninguna parte, cuando va siendo hora de afrontar las cosas. Edward Norton está inmenso, aunque parece el mismo papel que ya ha hecho en otros films. Brian Cox, que da vida a su padre en la película, tiene un breve pero brillante papel. Los dos monólogos de ambos son lo mejor de una muy buena película que, por su tristeza y oscuridad tan realista y humana, fue olvidada por la Academia Norteamericana.

Monólogo "Fuck you", de Edward Norton:



Monólogo final de Brian Cox:


No country for Pasolini (o tonto el que lo lea)
Semanario GENTE (14-3-2011)


Si Pier Paolo Pasolini, el polémico y genial director y poeta italiano, estuviera vivo hoy en día, o lo volvían a matar (fue asesinado en 1975, entre otras cosas, por comunista y homosexual) o se moría él solo del susto. A Ángel Sala, director del festival de Sitges le quieren juzgar por promover la violación de niños al permitir la exhibición de la polémica película serbia “A serbian Film”, donde, entre otras cosas, aparecen las violaciones simuladas de un recién nacido y de un niño de 5 años.
            
Bien, yo la he visto, y personalmente me ha parecido una película infame, estafadora y sin ningún tipo de gusto, pero ni mucho menos original. Sin embargo, a todos los opinadores profesionales de este país, expertos en el arte de juzgar algo sin haberlo visto, les parece justo que, ya que están metidos hasta el cuello en eso de “la corrección política”, un poquito de censura no viene mal (de la que quieran, fascista, estalinista, etc).
            
“A serbian film” es malísima, incluso negativa, pero les aseguro que nadie saldrá del cine convertido en un psicópata violador de niños. Con “Saw VI” pasó lo mismo, y la película fue declarada X en España. Tampoco era nada buena, pero de ahí a declararla pornográfica hay un trecho. ¡Y luego nos quejamos de los yanquis! Eso sí, “Mentiras y gordas” no solo no sufrió ningún tipo de censura, sino que estuvo muy promulgada por nuestro bendito ministerio de cultura. ¡Dios lo bendiga!
            
El futuro no nos ha traído libertad. A Internet le quieren cortar las manos, y todos y cada uno de los tipos que se sienten ofendidos, encuentran el tiempo libre y la financiación para molestar a todos aquellos que colocan en su línea de fuego. Da igual si has hecho un chiste sobre el Papa o si has pintado una caricatura de Mahoma. O te encuentras una denuncia, o un coctel molotov.
            
Pasolini era un director muy polémico. Decían de él que era inmoral. Pero les recuerdo que cosas como la moralidad o la ética son conceptos humanos, no verdades absolutas. Lo triste es que si Pasolini viviera hoy en día e intentara volver a rodar películas como “Saló y los 120 días de Sodoma”, simplemente se le echarían encima como una jauría de perros salvajes. Pero no hace falta ir a algo tan controvertido como el cine de Pasolini. Imaginen simplemente que ahora apareciera un grupo cómico llamado Monty Python y decidieran rodar “La vida de Brian”. Sería simplemente imposible, las quejas y denuncias lloverían como si fuera el día del fin del mundo. Por poner un ejemplo, Javier Krahe fue denunciado hace 2 años por el corto “Cómo cocinar un Cristo”, que fue grabado en ¡¡¡los años 70!!!
            
Perdemos libertad de expresión (dice Bisbal que en este país hay mucha) y a nadie parece importarle. Los ladrones se llenan los bolsillos con la sangre de los pobres y se quitan las penas con putas de 10000 dólares. Eso sí, el criminal es Ángel Sala, que decidió exhibir una película que ya había sido exhibida en todo el mundo (en algunos festivales alcanzando un gran éxito, lo que realmente no puedo entender). Señores y señoras: ¡somos gilipollas!
"Space 3D", el corto de animación
Hace unos días terminé el guión definitivo de "Space WC", basado en una idea original de Javier Tejedor y Javier Arjonilla, que animarán y dirigirán el corto animado en 3D.
Os pongo la dirección del blog del corto: http://spacewctheshortfilm.blogspot.com/ para que podáis visitarlo y echar un ojo a ver cómo va todo.
En próximas fechas os daré más información, y cuando esté filmado, os dejaré echar un vistazo al guión como un trabajo finalizado.
Guión de cortometraje: "Tartesos. Episodio 1: la búsqueda".
Hoy os presento el guión del primer cortometraje de Tartesos, el cual esperamos rodar en breve, y que tratará sobre un mundo postapocalíptico a medio camino entre el universo Mad Max y el de La Carretera. Aunque este primer episodio es más convencional, los siguientes digamos que serán más "extraños".
Este guión está desarrollado como una única escena en la que se marcan algunos planos, por lo que por primera vez he dejado bastantes decisiones para el director (que en este caso también voy a ser yo, así que espero llevarme bien con él) y el equipo artístico.

El cinéfago: "El séptimo sello (1957)" - la escena de las fresas
Hoy toca un ejemplo genial sacado de uno de los grandes clásicos de la historia del cine, El séptimo sello(1957), de Ingmar Bergman, que también escribió el guión. Esta escena bucólica en cuestión, aunque parezca simple, es sumamente profunda. Max Von Sydow está impresionante (todo el elenco, realmente), como en el resto de la película. Es impresionante ver cómo esas frases grandilocuentes no quedan ridículas, sino sumamente emocionantes y turbadoras. Un ejemplo de cómo trabajan los genios. Esto es de muchos quilates, amigos, así que coged una libreta y tomad notas. No hace falta hablar más...


Noche de reyes



Ojalá pudiéramos recobrar la mirada ingenua, no neutral, sino parcial hacia la magia y la fantasía, de un niño en navidad. Las calles ya no parecen las mismas, el costumbrismo de las viejas películas navideñas, en las que Pepe Isbert buscaba a Chencho, o de aquel cine social en el que Cassen —bajo el pseudónimo de Plácido— sentaba a un pobre en su mesa, han desaparecido casi por completo, al menos de nuestro campo visual.

El mundo y las cosas que contiene no han cambiado tanto, somos nosotros los que lo hemos hecho. Nos hemos hecho mayores. Ya dejamos atrás la primera década del siglo XXI, cuando el XX todavía está caliente y de cuerpo presente.

Recuerdo ahora las primeras navidades, hace ya toda una vida, mi vida al menos. Aquellas navidades en las cuales las fotos estaban llenas de gente —con raras vestimentas y excéntricos bigotes, es cierto—, pues no se había muerto nadie todavía. Hasta los dioses estaban vivos. Y los reyes magos. En aquellos tiempos, un año duraba un siglo y la vida era la eternidad. No existía el tercer mundo, los buenos siempre ganaban la partida, y los malos no eran tan malos —ni tan reales—.

Nos hacemos viejos. ¡Hasta el príncipe de Bel-Air ha tenido un hijo que se ha convertido en Kárate Kid! ¡Yo ya tenía un Kárate Kid, y se llamaba Daniel LaRusso, el milagro de All Valley! Los jóvenes tunean BMWs del año del culo. Ya nadie sueña con Cadillacs rojos ni con Harleys cabalgando hacia el horizonte anaranjado. Tal vez haya muerto el rock —a muerto huele—. Ya lo dijo Abbie Hoffman —el tío de la camisa de la bandera americana que sale en Forrest Gump—, y lo dijo hace muchos años: “Los 60 terminaron. La droga nunca será tan barata, el sexo nunca será tan libre y el rock nunca será tan bueno”. Hoffman también está muerto. Parece que todo el mundo lo está últimamente. Es demasiado tarde para tener fe.

¿Y saben por qué? Porque en fechas señaladas siempre ponen las mismas películas. Films que cada vez están más llenos de fantasmas, de espectros que, desde el otro lado, repiten una y otra vez la rutina a 24 fotogramas por segundo. Es la hora de evocar: el olor de una estufa de carbón, el aroma característico de una casa poblada, comidas que sin saber por qué nunca vuelve a comer…

Hace un par de días murió otro pedazo de actor, Pete Postelwhite. Otro de esos británicos que se salen en cada papel, grande o pequeño, que caiga en sus manos. Él ya es otro espectro que me mira a través del cristal mientras veo En el nombre del padre. A este paso, el calentamiento global y el fin del mundo llegarán tarde.

Ahora, para colmo, todo el mundo dice que le deben dar el balón de oro a Xavi —lo que comparto— porque se va a retirar pronto. ¡Xavi se va a retirar! ¡Y yo que lo he visto desde el primer día! Otra generación que se va, y lo hará pronto. Como la infografía de TVE en los 80, como la cortinilla de Estudio Estadio. ¡Qué lejos quedan los duelos entre Magic y Bird! ¡Qué lejos el último tiro de Jordan! Ya, hasta Kobe Bryant es viejo…

Ojalá recuperáramos la magia, y bajara el paro, y se murieran de hambre el cáncer y las enfermedades degenerativas, y ojalá los políticos, los superbanqueros, los poderosos gerifaltes oscuros recordaran los días en que no comían almas ni bebían sangre. Ojalá, en lugar de estar escribiendo estas líneas, hubiera ido a ver la cabalgata, feliz, pueril e ilusionado, absolutamente creyente. Y ojalá esta noche me fuera pronto a la cama por si vienen los reyes, y no una invasión preventiva que salve mi hígado matando mi cerebro.

No habrá más caballos salvajes

¡Qué buen regalo nos ha traído Papá Noel! La ley Sinde ya está aquí. Y no, esta ley no solo representa un nuevo clavo en el ataúd del PSOE (y no nos engañemos, cuando el PP gane las elecciones, que las ganará, tampoco hará nada por revertir la situación), también significa que en España se ha decidido mantener el antediluviano modelo de negocio de la industria del entretenimiento. Es mucho mejor, ya no cerrar, sino arrancarse los ojos (y arrancárnoslos a todos los demás), que ver la realidad.

Los padres de Internet

Los padres de Internet, los locos raritos de las universidades de los años 70, crearon la red de redes sobre la antigua idea de una red de comunicación militar, y sus ideas eran revolucionarias, eran idealistas, que gritaban que nunca más la censura se saldría con la suya. Eran jóvenes melenudos con barba que recordaban con nostalgia la ingenuidad idealista de los 60. Pensaban que nunca más el conocimiento tendría precio, pensaron que este podría llegar a todos los rincones. Pero al parecer se equivocaban.

La industria del entretenimiento, ese nauseabundo y monolítico lobby llorón y malcriado, amigo del ludismo, se ha propuesto convertir el secuestro del futuro en ley. Ha travestido la libertad en norma asalariada, en ganado con marca grabada a fuego en el costado. Los caballos salvajes no son buen negocio para el que los vende (después de haberlos robado, todo sea dicho). ¡Cuántos sabios se mataron diciendo aquello de que “el conocimiento humano pertenece al mundo”!

Cuando uno de ellos mira Internet, piensa: “aquí hay mucho dinero y nadie lo está cogiendo”. Es como el imbécil que intenta hacer una escritura de la Luna. Permítanme que me ría con cosas como “la coalición de creadores” (irónico nombre, pues una “coalición” es lo que forman los que están en contra de la revolución, y creadores no es que haya muchos en ella, más bien creadores de contratos, de esos sí que hay bastantes).

Políticos "jetas"

Para colmo, los irresponsables políticos y jetas con cargo en cualquiera de las organizaciones que han manchado sus manos, se limitan a hablar de dinero. Simplifican diciendo que lo que no queremos es pagar. ¡Falso! Y para ello intentan dominar el último sector de libertad que quedaba en el mundo: el ciberespacio. Por eso, nosotros, por poner un ejemplo, ahora que nos parecemos a China porque nuestros políticos nos venden como “mano de obra cualificada y barata” para los países que son “más Europa” que nosotros, también debemos sufrir la censura China de Internet.

Lo mejor de todo es ver a un montón de creadores llegando directamente al público a través de las nuevas tecnologías, haciéndose notar, viviendo de su trabajo, mientras las discográficas y productoras se ponen de uñas (claro, porque de este negocio no pillan nada) y ponen a sus voceros, a sus vacas sagradas (esas que hace 20 años que no venden un disco, y hace 20 años no había Internet, que conste) a mover la mierda con un palo, a llorar y a decir que “estamos matando la cultura”. Esto tiene especial gracia cuando, por ejemplo, lo dice Bisbal.

Algunos genios de la historia suspiraron por un mundo de cultura libre y gratuita. Ni siquiera la gratuidad es el problema. El problema es que el matón del colegio no quiere perder el dinero del bocadillo de los niños. El problema es que la mafia quiere proteger tu negocio a toda costa, y cobrando, aunque sea de ella misma. ¿Qué sabrán los genios? Aquí el que sabe es el dinero, aunque tenga 150 años y los dientes podridos.

Todos recordaremos los días en que las manadas de caballos salvajes trotaban por las verdes praderas, poderosos, majestuosos y regios. Aquellos días en los que dictadores y regímenes totalitarios se cagaban encima por culpa de un trend topic de twitter. Y recordaremos esos días con melancolía y tristeza, porque no habrá más caballos salvajes.