Hoy toca un ejemplo genial sacado de uno de los grandes clásicos de la historia del cine, El séptimo sello(1957), de Ingmar Bergman, que también escribió el guión. Esta escena bucólica en cuestión, aunque parezca simple, es sumamente profunda. Max Von Sydow está impresionante (todo el elenco, realmente), como en el resto de la película. Es impresionante ver cómo esas frases grandilocuentes no quedan ridículas, sino sumamente emocionantes y turbadoras. Un ejemplo de cómo trabajan los genios. Esto es de muchos quilates, amigos, así que coged una libreta y tomad notas. No hace falta hablar más...
Ojalá pudiéramos recobrar la mirada ingenua, no neutral, sino parcial hacia la magia y la fantasía, de un niño en navidad. Las calles ya no parecen las mismas, el costumbrismo de las viejas películas navideñas, en las que Pepe Isbert buscaba a Chencho, o de aquel cine social en el que Cassen —bajo el pseudónimo de Plácido— sentaba a un pobre en su mesa, han desaparecido casi por completo, al menos de nuestro campo visual.
El mundo y las cosas que contiene no han cambiado tanto, somos nosotros los que lo hemos hecho. Nos hemos hecho mayores. Ya dejamos atrás la primera década del siglo XXI, cuando el XX todavía está caliente y de cuerpo presente.
Recuerdo ahora las primeras navidades, hace ya toda una vida, mi vida al menos. Aquellas navidades en las cuales las fotos estaban llenas de gente —con raras vestimentas y excéntricos bigotes, es cierto—, pues no se había muerto nadie todavía. Hasta los dioses estaban vivos. Y los reyes magos. En aquellos tiempos, un año duraba un siglo y la vida era la eternidad. No existía el tercer mundo, los buenos siempre ganaban la partida, y los malos no eran tan malos —ni tan reales—.
Nos hacemos viejos. ¡Hasta el príncipe de Bel-Air ha tenido un hijo que se ha convertido en Kárate Kid! ¡Yo ya tenía un Kárate Kid, y se llamaba Daniel LaRusso, el milagro de All Valley! Los jóvenes tunean BMWs del año del culo. Ya nadie sueña con Cadillacs rojos ni con Harleys cabalgando hacia el horizonte anaranjado. Tal vez haya muerto el rock —a muerto huele—. Ya lo dijo Abbie Hoffman —el tío de la camisa de la bandera americana que sale en Forrest Gump—, y lo dijo hace muchos años: “Los 60 terminaron. La droga nunca será tan barata, el sexo nunca será tan libre y el rock nunca será tan bueno”. Hoffman también está muerto. Parece que todo el mundo lo está últimamente. Es demasiado tarde para tener fe.
¿Y saben por qué? Porque en fechas señaladas siempre ponen las mismas películas. Films que cada vez están más llenos de fantasmas, de espectros que, desde el otro lado, repiten una y otra vez la rutina a 24 fotogramas por segundo. Es la hora de evocar: el olor de una estufa de carbón, el aroma característico de una casa poblada, comidas que sin saber por qué nunca vuelve a comer…
Hace un par de días murió otro pedazo de actor, Pete Postelwhite. Otro de esos británicos que se salen en cada papel, grande o pequeño, que caiga en sus manos. Él ya es otro espectro que me mira a través del cristal mientras veo En el nombre del padre. A este paso, el calentamiento global y el fin del mundo llegarán tarde.
Ahora, para colmo, todo el mundo dice que le deben dar el balón de oro a Xavi —lo que comparto— porque se va a retirar pronto. ¡Xavi se va a retirar! ¡Y yo que lo he visto desde el primer día! Otra generación que se va, y lo hará pronto. Como la infografía de TVE en los 80, como la cortinilla de Estudio Estadio. ¡Qué lejos quedan los duelos entre Magic y Bird! ¡Qué lejos el último tiro de Jordan! Ya, hasta Kobe Bryant es viejo…
Ojalá recuperáramos la magia, y bajara el paro, y se murieran de hambre el cáncer y las enfermedades degenerativas, y ojalá los políticos, los superbanqueros, los poderosos gerifaltes oscuros recordaran los días en que no comían almas ni bebían sangre. Ojalá, en lugar de estar escribiendo estas líneas, hubiera ido a ver la cabalgata, feliz, pueril e ilusionado, absolutamente creyente. Y ojalá esta noche me fuera pronto a la cama por si vienen los reyes, y no una invasión preventiva que salve mi hígado matando mi cerebro.
¡Qué buen regalo nos ha traído Papá Noel! La ley Sinde ya está aquí. Y no, esta ley no solo representa un nuevo clavo en el ataúd del PSOE (y no nos engañemos, cuando el PP gane las elecciones, que las ganará, tampoco hará nada por revertir la situación), también significa que en España se ha decidido mantener el antediluviano modelo de negocio de la industria del entretenimiento. Es mucho mejor, ya no cerrar, sino arrancarse los ojos (y arrancárnoslos a todos los demás), que ver la realidad.
Los padres de Internet
Los padres de Internet, los locos raritos de las universidades de los años 70, crearon la red de redes sobre la antigua idea de una red de comunicación militar, y sus ideas eran revolucionarias, eran idealistas, que gritaban que nunca más la censura se saldría con la suya. Eran jóvenes melenudos con barba que recordaban con nostalgia la ingenuidad idealista de los 60. Pensaban que nunca más el conocimiento tendría precio, pensaron que este podría llegar a todos los rincones. Pero al parecer se equivocaban.
La industria del entretenimiento, ese nauseabundo y monolítico lobby llorón y malcriado, amigo del ludismo, se ha propuesto convertir el secuestro del futuro en ley. Ha travestido la libertad en norma asalariada, en ganado con marca grabada a fuego en el costado. Los caballos salvajes no son buen negocio para el que los vende (después de haberlos robado, todo sea dicho). ¡Cuántos sabios se mataron diciendo aquello de que “el conocimiento humano pertenece al mundo”!
Cuando uno de ellos mira Internet, piensa: “aquí hay mucho dinero y nadie lo está cogiendo”. Es como el imbécil que intenta hacer una escritura de la Luna. Permítanme que me ría con cosas como “la coalición de creadores” (irónico nombre, pues una “coalición” es lo que forman los que están en contra de la revolución, y creadores no es que haya muchos en ella, más bien creadores de contratos, de esos sí que hay bastantes).
Políticos "jetas"
Para colmo, los irresponsables políticos y jetas con cargo en cualquiera de las organizaciones que han manchado sus manos, se limitan a hablar de dinero. Simplifican diciendo que lo que no queremos es pagar. ¡Falso! Y para ello intentan dominar el último sector de libertad que quedaba en el mundo: el ciberespacio. Por eso, nosotros, por poner un ejemplo, ahora que nos parecemos a China porque nuestros políticos nos venden como “mano de obra cualificada y barata” para los países que son “más Europa” que nosotros, también debemos sufrir la censura China de Internet.
Lo mejor de todo es ver a un montón de creadores llegando directamente al público a través de las nuevas tecnologías, haciéndose notar, viviendo de su trabajo, mientras las discográficas y productoras se ponen de uñas (claro, porque de este negocio no pillan nada) y ponen a sus voceros, a sus vacas sagradas (esas que hace 20 años que no venden un disco, y hace 20 años no había Internet, que conste) a mover la mierda con un palo, a llorar y a decir que “estamos matando la cultura”. Esto tiene especial gracia cuando, por ejemplo, lo dice Bisbal.
Algunos genios de la historia suspiraron por un mundo de cultura libre y gratuita. Ni siquiera la gratuidad es el problema. El problema es que el matón del colegio no quiere perder el dinero del bocadillo de los niños. El problema es que la mafia quiere proteger tu negocio a toda costa, y cobrando, aunque sea de ella misma. ¿Qué sabrán los genios? Aquí el que sabe es el dinero, aunque tenga 150 años y los dientes podridos.
Todos recordaremos los días en que las manadas de caballos salvajes trotaban por las verdes praderas, poderosos, majestuosos y regios. Aquellos días en los que dictadores y regímenes totalitarios se cagaban encima por culpa de un trend topic de twitter. Y recordaremos esos días con melancolía y tristeza, porque no habrá más caballos salvajes.
Saludos. Acabo de subir a Bubok una versión de mi guión de largometraje "Alguien camina entre cipreses". Podéis comprarlo en papel a gran formato al precio de producción (creo que eran unos 14 euros) o podéis descargarlo de forma gratuira.
¡Espero que os guste!
Hoy toca un ejemplo de guión de largometraje. Os propongo echar un ojo a mi proyecto de principios de 2010 "Alguien camina entre cipreses". Una mezcolanza de géneros, sobre todo de thriller al estilo giallo y western (un poco noir, pero sobre todo spaghetti), pero en un tiempo actual.Va con tratamiento de personajes incluido, lo que os vendrá bien para definirlos.Como punto negativo (según se mire), he de reconocer que tiene muchos apuntes de dirección (muchos directores rechazan guiones así porque prefieren darle su toque personal), pero es que la historia es muy particular. En fin, es cuestión de gustos.¡Espero que os sirva!(Y si alguien quiere poner dinero para que la filmemos, mejor que mejor... XD)
Enlace de descarga: Alguien camina entre cipreses
NUEVO: descárgalo en formato libro desde BUBOK. (Pulsa sobre la imagen)
NUEVO: descárgalo en formato libro desde BUBOK. (Pulsa sobre la imagen)
Lo prometido es deuda. Y lo que prometí fue subir algunos de los trabajos que he ido haciendo para que sirvan de ejemplo a los noveles. En este caso os presento una biblia con capítulo piloto incluido para una sitcom de formato clásico, lo que no os recomiendo si vuestra meta es que se produzca en España, ya que no arriesgarán con las comedias (los pocos intentos de sitcom de formato anglosajón han frasado).
En otro orden de cosas, lo normal en España es que la biblia no solo lleve el capítulo piloto, sino toda la primera temporada. Esto es porque en España no arriesga ni el Tato, así todo el trabajo invertido y todo el riesgo corre de parte del guionista. En este caso, introduje un capítulo piloto únicamente, al estilo americano. Al ser un piloto tal vez no conseguí darle todo el ritmo (por el asunto de presentación de personajes, lugares comunes, etc.), pero creo que queda claro el rumbo que pretendía tomar la serie. Como mínimo os valdrá para haceros una idea de cómo presentar un proyecto de serie televisión con lo que se llama una Biblia de guión.
Enlace de descarga: descargar biblia de sitcom "Estrellados".
Este es uno de los temas más espinosos y que más dudas ofrece ya no para los guionistas noveles, sino para todos en general. Las misteriosas y mágicas productoras, aquellas que deciden "quién vive y quién muere". Ellas, como el malvado nazi Amon Goeth de "La lista de Schindler", pueden tocarte con su mano y perdonarte la vida, o pegarte un tiro porque sí. Aquí van 5 cosas que debes saber sobre las productoras:
Las probabilidades de que un guión no solicitado salga adelante en España son mínimas. Aproximadamente, unos 1000 guiones (muchos de ellos en rotación) no solicitados llegan a las productoras españolas todos los años. De ellos, solo se producen unos 3 ó 4. El hecho de que un guión sea no solicitado suele conllevar la idea errónea de que será malo y que no mecerecerá la pena estudiarlo (lo cierto es que muchas veces así es). Es un estigma. Además, España no es como EEUU. En los USA se estudian todos los guiones recibidos, porque ellos saben que "el guión" puede llegar desde cualquier parte, de cualquier persona, y tienen mucha gente dedicada a ello (allí hay más guiones, y por lo tanto también más guiones malos). Por ejemplo, Anthony Zuiker el guionista y creador de CSI, era conductor de autobus antes de que una productora lo mirara y le dijera "yo te perdono".
Por norma general, el que está en posición de dar, lo evitará y además se aprovechará todo lo que pueda de la situación. No te quemes, esto es así. Tal vez un día puedas trabajar con alguien que en su momento no mostró fe en ti. No quemes puentes (a no ser que necesites hacerlo, tampoco hay que tragar con todo).
Tú puedes pensar que eres único, al igual que tu trabajo, pero para la productora solo eres uno más. El universo no gira en torno a ti, asúmelo. Una productora recibe cientos de peticiones como la tuya, y lo que es peor, algunas son mejores. Es importante que comprendas desde el primer momento que, por muy bueno que seas, siempre habrá alguien mejor, tal vez mucho mejor. Esto debe usarse para mejorar cada día, y hacer lo que se quiere por el hecho de hacerlo, no por la fama, ni por tonterías de esas que van asociadas al cargo. Si lo haces por eso, solo conseguirán amargarte. Hazlo por diversión, por vocación, y tal vez un día tengas ese puñado de suerte que necesitas para romper el hielo.
No envíes trabajos por enviarlos. Es importante hacerse un nombre, hasta para que te rechacen. No mandes cualquier mierda, envía solo cosas que creas que son realmente profesionales, interesantes, cosas que te gustaría ver en una pantalla. Evita las faltas, errores y problemas de estilo. Tal vez no vendas un guión en tu vida, pero eres un guionista. Actúa como tal. Cuando hayamos realizado muchos proyectos y hayamos contactado con algunas productoras, aunque nos hayan rechazado siempre se empezarán a hacer la idea de que somos profesionales, de que sabemos trabajar y que somos serios haciéndolo. Así, tal vez algún día necesiten lo que podemos darles.
En esta guerra no hay buenos y malos. Al principio, tal vez cuando termines tu primer proyecto de guión (ya sea para una serie, un corto, una película, un programa de tv, etc), seguramente pienses que has realizado un trabajo excelso, una obra de arte que merece la eternidad. Seguramente con toda la ilusión del mundo, lo envíes a una productora (porque obviamente no hace falta enviarlo a otra, el trabajo es tan bueno que nuestra primera elección servirá), y esta lo rechace con la clásica carta que utilizan siempre. Entonces te amargarás, gritarás a los 4 vientos que no necesitas productora, o simplemente dejarás de escribir y te limitarás al trabajo de oficina que te roba unas 9 horas diarias. ¡Error! Sigue adelante, no te enfrentes con la humanidad, porque seguramente ese trabajo no fuera tan bueno, o si lo era, no tuviste suerte. La única manera de que te toque la lotería es comprar un boleto.
Y ahora un consejo extra: siempre puedes montar una pequeña productora para tus proyectos, o hacer cine de guerrillas (a coste 0), o buscar caminos alternativos. El mundo no termina en la productora, y lo que hoy ves como un fagocitador de ilusiones, mañana tal vez sea un camino de baldosas amarillas.
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