Lo dicho: ya estoy de vuelta. Así que seguiré dando la vara con el blog para los aprendices de guionista que se toman la vida de otra forma. En breve, volveré de lleno. ¡Muy buenas a todos!
¡Saludos a todos! Ya sé que sois muchos los que visitáis el blog y queréis más artículos, y más a menudo. No os preocupéis, soy consciente. Lo que pasa es que ahora estoy bastante liadillo, pero es algo temporal. También mi página web TiempoDeCulto.COM está "algo paradilla". Pronto volveré a recuperar el ritmo. ¡No desfallezcáis! Intentaré contestar a cualquier duda que me mandéis de todas formas.
¡Nos vemos muy pronto!
Esta pregunta, que sobre todo surge al comenzar a interesarte por el mundo del guión, y sobre todo cuando no hay una formación previa (ya sea en forma de cursos o de estudios más serios), tiene una muy fácil contestación: no existe el formato universal. ¡Es cierto, no hay una forma de hacer las cosas! Cada productora, cada profesional, cada trabajo... Todos tienen sus propios formatos. La mayoría de las veces, los estilos no varían demasiado dentro de un mismo marco o entorno. Por ejemplo, casi todo el cine español tiene un formato similar, pero puede diferir bastante del formato americano. Del mismo modo, los guiones para series de televisión españoles son muy diferentes a los americanos. Nosotros, para empezar, utilizamos el din A4 (el folio de toda la vida), mientras que en EEUU se suele utilizar la cuartilla. Por lo tanto, vemos que en algo tan supuestamente tonto como el tamaño de la hoja la cosa ya empieza a diferir.
Después, casa profesional hace las cosas a su modo. Lo importante es que se entienda lo que estamos diciendo, lo que queremos contar. Si la historia interesa y los productores o directores están interesado en darle otro formato, nos darán las indicaciones para que lo cambiemos. Aunque claro, es evidente que hay que guardar unas mínimas reglas muy generales que muestren que sabemos lo que estamos haciendo.
Yo también tengo más de una camiseta con la foto del Ché Guevara, pero las obras hay que registrarlas, aunque no quieras. Es la principal manera de defenderte del plagio. Y que conste que es una defensa que nada tiene que ver con los intereses económicos (por lo menos no para mí), sino con el trabajo y el esfuerzo que uno invierte creando algo. Esto no tiene nada que ver con la SGAE y sus chorradas pianescas (como ya he dicho es una defensa contra el plagio), a mí, por ejemplo, no me importa que la gente lea mis trabajos y que los utilice para formarse, incluso para utilizarlos si me lo hacen saber, el problema aparece cuando llega un espabilado y coge tu texto, le cambia los nombres a los personajes (si no es muy vago), y dice que es una obra suya. Hay que compartir, pero que no se aprovechen de ti.
Mucha gente no lo sabe, pero desde el mismo momento en que una persona escribe una obra, ya tiene el copyright de la misma. Eso sí, si no registras la obra puede ser dificil demostrar que tú eres el autor, sobre todo si el malvado en cuestión tiene los abogados de Monty Burns.
Hay muchas maneras de registra la obra, pero la mejor es el clásico registro en la correspondiente sucursal del Ministerio de Cultura, en el registro de la propiedad intelectual. Ahora mismo, el papeleo en Albacete cuesta unos 12.55€ por obra. Lo mejor de todo es que estamos protegidos por un estamento oficial. Esto no quiere decir que seamos seguidores de Teddy Bautista, simplemente nos aseguramos que, ante cualquier duda que puediera surgir, tenemos un papelito que nos dará las de ganar en el juicio. Otra razón importante es que la gran mayoría de las productoras exigen que tu obra esté registrada en este registro antes de echarle un ojo, precisamente para evitar cualquier suspicacia posterior.
También se puede, y desde mi punto de vista se debe, acceder a las fuentes de registros y licencias alternativas. Hay sitios digitales como Safe Creative que te permiten registrar la obra en el mismo de forma gratuita. Hoy por hoy no tiene el mismo peso que el registro oficial, pero gana posiciones poco a poco. Además, añadirle a nuestra obra una licencia Creative Commons me parece una decisión acertadísima, ya que, aunque seguimos manteniendo todos los derechos sobre nuestra obra, permitimos, dependiendo de la licencia que escojamos, que otra gente pueda beneficiarse de la misma (siempre bajo nuestros deseos, por lo que seguramente también acabe beneficiándonos a nosotros) y trabajar con y por ella. ¡Compartir es bueno y genera cultura!
Una de las peores cosas que se pueden hacer en el mundo de los escritores (y que lamentablemente sí suele ocurrir) es plagiar a otro escritor. El plagio es el más feo y sucio de los robos, ya no por el aspecto monetario, sino por el ético y moral. Es apropiarse del esfuerzo y talento de otro por todo el morro, apuntándose un tanto. Los plagiadores (ojo, que no tiene nada que ver con homenajear o referenciar obras) existen, pero merecen nuestra repulsa. Nunca, nunca, nunca, never plagies o copies el trabajo de otro poniéndole tu nombre.
Si lo haces, te ganarás el rechazo de los guionistas de bien. De nada te valdrá el respeto de las alimañas. Es mejor ser un trabajador desconocido e incomprendido, que apropiarse de lo que no es tuyo. Sin lugar a dudas, el peor robo ocurre cuando alguien conocido se apropia del trabajo de un guionista desconocido, pero afortunadamente ahí está Internet para poner las cosas en su sitio... algunas veces.
Aunque ya lo trataré en un consejo propiamente dicho, os recuerdo que siempre debéis registrar vuestra obra, primero en el registro de la propiedad intelectual, y luego, si queréis ceder la obra a la comunidad, una licencia Creative Commons es la mejor opción. Hay que aclarar que desde el mismo momento en que un autor crea un escrito ya tiene el copyright, pero el problema viene luego, cuando hay que probarlo. Las licencias Creative Commons, no solo me parecen la más digna y mejor opción en los tiempos que vivimos (ya que fomentan el dinamismo artístico), sino que sin duda las apoyo ideológicamente, pero es más que aconsejable el registrar la obra en el Ministerio de Cultura, ya que se suele tomar más en serio, y además es un estamento oficial.
En definitiva y resumiendo:
-Homenajear -> Bien.
-Referenciar -> Bien.
-Plagiar -> Pena de muerte.
-Registro -> Un mal necesario.
Os recuerdo que podéis descargar de forma gratuita en formato pdf (o comprarlo en formato físico por 10 euros si lo queréis llevar al water) mi libro sobre el cine y la cultura popular, "CINEMAPOP" . Podéis descargarlo pulsando aquí. No es muy largo y está escrito de forma informal, pero dando bastante información interesante y curiosidades. Para los cinéfilos será un buen apoyo, y para los neófitos será un buen comienzo, sobre todo si se quieren hacer pasar por un entendido delante de los amigos del bar.
Bueno, el otro día os comenté cómo me gustaba introducir los planos, pero también me gustaría deciros cómo se hace en plan técnico (yo también lo hago así cuando, o bien el formato exigido es muy convencional, o bien los planos técnicos son muy necesarios o exigidos).
La principal diferencia es que, en lugar de introducir el actor que influye en el plano, lo que titula el texto es el tipo de plano, ya sabéis: primer plano, plano americano, plano medio, plano general, plano detalle, etc.
Por lo tanto, como podéis observar, la diferencia práctica es que el anterior estilo daba más libertad de acción tanto al guionista como al director, mientras que esta técnica es mucho más restrictiva. Os pondré un pequeño ejemplo:
Los 3 hombres entran en la habitación. Hace mucho calor, todos empiezan a sudar y a dar claras muestras de fatiga y agotamiento.La palabra "PLANO" puede obviarse, pero debe quedar claro que es un plano para que no haya ambigüedad, así que lo mejor es que, si no tenéis muy claro cómo va esto, la útilicéis siempre. Aunque eso sí, recordad que los planos hay que utilizarlos con mucha precaución.
PLANO DETALLE:
por el rostro y la mejilla del Hombre 1, cae léntamente una gota de sudor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
